La Sierra en el punto de mira

La Sierra en el punto de mira (14)

La Sierra en el punto de mira
Esta nueva sección pretende que la Sierra de Madrid se convierta en el punto de mira sobre multitud de aspectos relacionados con la historia de su paisaje y de sus habitantes. Un punto de mira y de encuentro no solo entre especialistas de diferentes disciplinas, sino también de cuantas personas estén interesadas en el desarrollo histórico de sus localidades o del amplio ámbito geográfico que nos ocupa.

Para ello, mensualmente, fijaremos nuestra atención en los paisajes rurales y urbanos, elementos arqueo-históricos, tradiciones, leyendas o personajes singulares que merezcan ser conocidos por su singularidad, y especialmente cuando merezca su salvaguarda y protección.
Los artículos no deberán sobrepasar las 3 páginas, en formato Word, con un cuerpo de letra 12, debiéndose enviar al correo:

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El 15 de abril de 1982, hace cuarenta años, se estrenaba en los cines Capitol, Luchana y Carlton de Madrid, Cónan, el bárbaro, un título de John Milius, absolutamente reivindicado en la actualidad, y que en su momento ya fue un auténtico éxito. No fue solo un estreno nacional, si no mundial, ya que la película se había rodado en España, y la productora quiso tener una deferencia con nuestro país.

Dedicado a Miguel Fontecha, Sebastián Torres y Mariano de Andrés 
El pasado viernes, 25 de marzo, se presentó en la Casa de la Juventud, de Colmenar Viejo, el número 36 de la Revista de Investigación “Cuadernos de Estudios”. Como de costumbre, la organización permite a los autores presentar su artículo durante unos minutos. En el último de ellos, dedicado al resumen que cada temporada realiza extraordinariamente la Asociación cultural “Conocer Colmenar caminando”, su autor, Sebastián Torres, denunció el cambio de un topónimo en la dehesa de Navalvillar, y en concreto al hecho de utilizar el nombre de “Navalahija” para un yacimiento arqueológico, cuya ubicación se encuentra en la margen izquierda del arroyo de Tejada, por lo que su registro toponímico se corresponde con el de “Valdepuercos”. 

La práctica del carboneo hunde sus raíces en la antigüedad. Desde hace milenios el ser humano ha fabricado carbón vegetal para combatir el frío, calentar la comida o alimentar los hornos que darían vida a las herramientas necesarias en su día a día. Dicha práctica, ha acompañado intensamente nuestras vidas hasta mediados del siglo pasado, perdurando hoy día como combustible en alguna que otra barbacoa veraniega. Pero este aprovechamiento llegó a ser tan intenso, y en algunos casos, incluso tanabusivo y devastador, que tuvo que regularse desde época muy temprana por diferentes leyes y ordenanzas.

Fernando Colmenarejo García 

Arqueólogo 

Dicen que vamos por la sexta ola de la pandemia, que viene a ser una especie de tsunami traumático, y que nos ha llevado a vivir entre colas para acceder a ciertos establecimientos, auto-confinamientos, bajas laborales, fiestas navideñas perdidas, preocupación, malestar social y lo peor… muertes. Desde su origen, en marzo de 2020, alentados por los consejos sanitarios, aunque con un cierto porcentaje social desconfiado, creíamos caminar apresuradamente por el interior de un túnel desconocido, esperanzados en encontrar la luz de su embocadura final. Por ello, es necesario reflexionar sobre determinados aspectos de las pandemias, y como recomendación, siempre es bueno tener presente las vicisitudes que sufrieron nuestros antepasados sobre este tipo de episodios. Así, para la sección de este mes de febrero de 2022: “La Sierra en el punto de mira”, mi intención es exponer las medidas que se tomaron para frenar la peste de finales del siglo XVI en Buitrago y su tierra, conformada, en general, por el valle del Lozoya y los pueblos de la sierra norte. Con seguridad, ello nos permitirá recordar situaciones vividas en la actualidad, y, por tanto, la necesidad de poner la historia al alcance de quienes tienen responsabilidades en la gestión sanitaria, especialmente como servidores públicos, en la esperanza que sus medidas sean racionales, sobre todo hacia los más necesitados. 

María José Mendoza Traba 
Juan José Cano Martín 
RENO ARQUEOLOGÍA 

La Casa del Bosque de Buitrago del Lozoya (Madrid) fue originariamente (mediados del siglo XVI) un pabellón de caza consistente en una construcción rectangular de dos plantas, en la que las estancias se distribuían alrededor de una habitación cuadrangular central más elevada y cubierta por un chapitel. 

Este edificio primigenio se completaba hacia el sur con un jardín ordenado por una fuente central que hacia eje con un ninfeo ornamental al pie de la casa, y se cercaba por un potente muro de mampostería que remataba en dos torreones en sus ángulos meridionales. 

Este primer edificio acabó arruinado. En una segunda etapa la edificación es sometida a una importante transformación, volviendo a ser el espacio central el generador de la nueva obra, el antiguo salón cuadrangular se transforma al interior en una sala circular sobre la que se eleva el nuevo tambor cubierto por una gran cúpula. Un cambio total en su aspecto según los nuevos gustos cortesanos, tanto al interior como al exterior del edificio. 

Esta importante y arriesgada puesta a la moda de una casa de campo torreada, convirtiéndola en un pabellón señorial con gran sala principal cupulada que reutiliza las estructuras preexistentes, llevó consigo problemas estructurales que se vieron rápidamente, de este modo en el mismo siglo XVII se tuvo que realizar un potente refuerzo del tambor.

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Una historia de la Guerra Civil que pudo inspirar a García Berlanga.
Texto: José Manuel Encinas Plaza
Arqueólogo/maquetista.

Hay muchos episodios de nuestra Guerra Civil que se mantienen al margen del casposo “y tú más”, la exageración, el revanchismo… Y sin embargo son Historia, con mayúsculas, pues hablamos de historias reales, bien documentadas y que nos sitúan en otras formas de visionar y entender el conflicto, trágico sin duda, pero que a veces nos sorprende cuando alguna de estas historias responde al dicho de que hay ocasiones en las que la realidad supera la ficción, al estilo de una película de Berlang

Supongo que habrá a quien le sature las celebraciones redondas, o a quien le resulte extraña la insistencia de recordar películas años después. Pero es que, en el caso del cine, unas veces por la calidad de la película, otras por los hechos extra-cinematográficos, y otras por su vigencia y posibilidad de continuar su explotación, merece su recuerdo y que nuevas generaciones recuerden el producto. 

Llevo mucho tiempo dudando sobre si escribir o no este artículo. En ciertas ocasiones, cuando me hervía la sangre ante la penosa situación que presentaba un inmueble o un yacimiento arqueológico de la localidad, un rabioso impulso me empujaba a denunciarlo. Después, con más calma, me auto-aconsejaba dar un margen benévolo de confianza a las autoridades, esperando que abrieran sus ojos y reaccionaran ante esa situación.

Texto, fotografías y maqueta:
José Manuel Encinas Plaza
Maquetista / arqueólogo.

Durante el tiempo de dominación islámica en lo que conocemos como Sierra Norte, se estableció un sistema defensivo muy complejo que duró hasta el siglo XI, cuando las huestes de Alfonso VI llevaron la frontera más allá del Tajo. En dicho periodo tenemos que distinguir dos planteamientos diferentes de fortificación y frontera. El primero, de época califal, dura hasta la implantación de los reinos de taifas, es decir, hasta el siglo X, bajo la tutela de la dinastía Omeya. El planteamiento militar se supedita a un control efectivo del territorio (tributos, desórdenes, etc) teniendo en cuenta su alto valor estratégico. La rica vega del Jarama y la comunicación con los pasos de Somosierra no podía compararse con el sector occidental de la sierra, más pobre y con apenas población. Los cristianos aún estaban lejos, sin haber conseguido tomar las colosales fortalezas de la línea del Duero, careciendo de poder militar suficiente para proyectarlo al sur de las cumbres serranas, salvo alguna algarada que, desde luego, no cambió el curso de la Historia.

Colmenar Viejo entre las estrellas. Reivindicando la cultura y el paisaje cinematográfico

Arqueólogo. Miembro de la Asociación “Colmenar Viejo. Tierra de cine”

La fecha más antigua de rodajes cinematográficos en Colmenar viejo, y en concreto en la dehesa de Navalvillar, es de 1921. El dato se le debemos a un reportero de “El telegrama del Rif”, publicado varios años después, en 1930(1). La cinta llevaba por título “La señorita inútil”, sin que conozcamos el sentido de dicho apelativo. El paisaje era el idóneo, al tener que filmarse con aquella cámara de cine mudo la secuencia de dicha señorita huyendo de un toro. Además, una cosa era rodar los planos de la protagonista corriendo, y otra ponerse con lacámara ante el astado. Un novillo manso convenientemente sujetado por los vaqueros colmenareños.

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