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ZAFRAS EN LA SIERRA NORTE MADRILEÑA

Texto, fotografías y maqueta:
José Manuel Encinas Plaza
Maquetista / arqueólogo.

Durante el tiempo de dominación islámica en lo que conocemos como Sierra Norte, se estableció un sistema defensivo muy complejo que duró hasta el siglo XI, cuando las huestes de Alfonso VI llevaron la frontera más allá del Tajo. En dicho periodo tenemos que distinguir dos planteamientos diferentes de fortificación y frontera. El primero, de época califal, dura hasta la implantación de los reinos de taifas, es decir, hasta el siglo X, bajo la tutela de la dinastía Omeya. El planteamiento militar se supedita a un control efectivo del territorio (tributos, desórdenes, etc) teniendo en cuenta su alto valor estratégico. La rica vega del Jarama y la comunicación con los pasos de Somosierra no podía compararse con el sector occidental de la sierra, más pobre y con apenas población. Los cristianos aún estaban lejos, sin haber conseguido tomar las colosales fortalezas de la línea del Duero, careciendo de poder militar suficiente para proyectarlo al sur de las cumbres serranas, salvo alguna algarada que, desde luego, no cambió el curso de la Historia.

Así, se estableció en la sierra una red de pequeñas fortificaciones llamadas zafras, más pequeñas que los Husum (castillos como tales) con una guarnición estable, que solía rondar la docena de guerreros, salvo en épocas de crisis, cuyo número podía duplicarse. Recorrían el territorio en patrullas rutinarias, además de responder al menor aviso de alarma. No confundir con la red de atalayas, también de época andalusí, adscritas a la taifa de Toledo, en el periodo inmediatamente posterior, cuando la frontera (conocida ya como Marca Media) quedó establecida en la divisoria serrana. Para entonces, la vigilancia se extendía a prevenir las incursiones cristianas, contando cada atalaya con una dotación de dos o tres hombres.

Salvo en los husum de Buitrago y Uceda, además de la famosa torre de gran tamaño que dio nombre a Torrelaguna, no tenemos muchas más referencias constatadas de la existencia de estas fortificaciones, quedando en la mayoría de los casos en indicios, más o menos evidentes, sobre los que se ha escrito algo. Hay que tener en cuenta que las fortificaciones de Buitrago y Uceda fueron creciendo conel tiempo, según se consolidaba el avance cristiano, siendo sus comienzos como zafras de cierta importancia.

Esta red de fortalezas de control del territorio debió extenderse en zonas dominantes de los valles, principalmente aquellos que formaban parte de dos vías de comunicación vitales: A la musulmana Talamanka, por Uceda, y a Toledo por Mayrit(Madrid). 

No creo que sea por casualidad el hecho de tener informaciones de distintas procedencias, que siempre apuntan a estos dos ejes vitales. Así, se hablade la exsistencia (sic) de un pequeño castillo en un cerro de El Molar y de otro de las mismas características en San Agustín del Guadalix, ambos asomados al encajonamiento topográfico por el que discurre la actual autovía A1. Si no hay más datos es por la falta de estudios más completos (hablaríamos ya de excavaciones) que nos dieran ese gran paso que hay de los indicios, más que evidentes, a las pruebas constatadas científicamente. De momento, las excavaciones efectuadas en el castillo de Buitrago, apuntan a una primitiva fortaleza de tamaño menor a la que conocemos actualmente (no confundir el estilo mudéjar del siglo XV en tiempo de los Mendoza con el arte árabe de época califal) casi como el último eslabón de aquella red de vigilancia y control andalusí que apuntaba a Somosierra.

La casualidad quiso que caminando por un altozano que asoma a la autovía, entre los términos de Venturada y Cabanillas de la sierra, descubriese unos restos que podrían calificarse de indicios. Se trata de una ligera elevacióndel terreno, no más de metro y medio, de perímetro cuadrangular, que reúne algunas de las características propias de estos castilletes o zafras: Las medidas perimetrales 

rondan los quince metros de lado, quedando en uno de ellos sillares irregulares de gran tamaño a la vista. Dicha estructura se encuentra rellena de material producto del derrumbe, lo que impide calibrar el grosor de los muros, aunque los sillares mencionados anteriormente “apuntan maneras”. Una prospección visual, es decir, sin tocar nada,no arroja conclusiones de que se tratase de una construcción más moderna o contemporánea, pues no hay cascotes o restos de material que así lo indiquen, apareciendo por los alrededores algunos restos de tapial (argamasa con grava) muy al uso en las construcciones de época andalusí, como pude constatar en el estudio que realicé en una zafra que había en la vega del Tajuña (Valderradela) con evidentes coincidencias del ejemplo que nos ocupa.

Fazras 1

Vista del muro encontrado en Venturada, muy deteriorado.

¿Cómoera una zafra? En general, se trataba de una torre cúbica, de medidas regulares, a la que se añadían algunas dependencias básicas para su funcionamiento: Caballerizas, patio de armas, talleres...  Su concepto constructivo variaba poco, quedando como aparece en la maqueta a escala realizada en el estudio de Valderradela:

Zafras 2

Como se puede apreciar en la imagen (maqueta a escala) la torre es el elemento fundamental, quedando el resto de las dependencias adscritas a una tapia o cerca de escasa entidad, más o menos dotadas de elementos defensivos. En este caso se ha recreado la fotografía asomándose a la vega del Jarama, a la altura de Patones. No en vano, el modeloconstructivo de estas zafras se repetía hasta la saciedad.

Zafras 3

En esta vista de la torre, con las típicas proporciones de época Omeya, se aprecia la sencillez del conjunto y se especula que sólo ésta disponía de elementos defensivos de cierta entidad. 

Por restos analizados en otros estudios sabemos también que estas fortificaciones disponían de aljibeo pozo y que se encontraban próximas a las poblaciones, sobre las que ejercían su control, siempre asomadas a los valles y vías de comunicación.

Su decadencia debió producirse una vez se consolidó el poder cristiano en la zona, aparte de su escasa entidad constructiva, teniendo en cuenta que, en el siglo XIII, por poner un ejemplo, estas fortificaciones, ya en desuso, podían contar con la friolera de cuatrocientos o quinientos años de vida. 

Es posible que en tiempos futuros sepamos muchas más cosas de estas pequeñas fortalezas que salpicaron la geografía de la Sierra Norte madrileña, según se vayan realizando excavaciones y estudios más completos.

 

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Modificado por última vez en Viernes, 29 Octubre 2021 10:55

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