Tanto me impactó verla que comencé a idear soluciones (inútiles a todas luces, ya lo adelanto) que de manera inocua restañasen, de algún modo, la herida vilmente infringida y ayudaran a conservar la identidad y el protagonismo perdido de la fuente; pensando, inocentemente y como medida activa de conservación preventiva, en intentar concienciar a mis paisanos, en proporcionar a mis vecinos estrategias para que pudieran comprender y apreciar el lugar y en contar con los visitantes como aliados en la conservación de la fuente… y no como un problema. Porque, pese a que haya quien llame arte a estas prácticas, no lo son. Son delitos y los que las realizan son delincuentes, no artistas. Nada tiene que ver esto con el arte, y menos con el arte urbano, que nadie se confunda.
En todas nuestras ciudades, Colmenar entre ellas, pintadas y grafitis se han adueñado del paisaje afeándolo. Así, vemos paredes, mobiliario urbano e infraestructuras diversas marcadas con desagradables signos y caligrafías incomprensibles para la mayoría de nosotros (sólo responden al ego de sus autores), atentando contra el bien común. Pero entre tanto vandalismo, el arte urbano también se cruza en nuestro camino, aunque no todo aquello que se suele considerar arte urbano lo sea; y me explico: para ser considerado como tal, el arte urbano tiene que saber conjugar la estética, la protesta, la reivindicación y la libertad total en su ejecución, sin censuras. De lo contrario, sólamente sería mera decoración urbana (que también abunda, dicho sea de paso).
En Colmenar, contamos con ejemplos en uno y otro sentido, tanto de arte urbano propiamente dicho (los menos) como de murales de decoración urbana, sin más. No tengo nada en contra de la decoración urbana, faltaría más, pero considero que el arte urbano debe asaltar al espectador en su camino, siendo el artista y su obra quienes se cuelen en el espacio público (y no las instituciones) para transmitir un mensaje e invitar al caminante a la reflexión y a la crítica; mostrando realidades distintas de las que estamos acostumbrados a recibir a través de los medios de comunicación convencionales.
Cuando el arte urbano se realiza por encargo corre el riesgo de perder su esencia, su cometido, y convertirse en mera decoración. Desde finales de la década de los 90, los ayuntamientos son plenamente conscientes del valor y de la utilidad que el arte urbano tiene para sus propios intereses - apuntándose así al carro de la modernidad y atrayendo hacia su conveniencia a algunos artistas antes perseguidos por ellos mismos (paradojas de la vida) -. Eso sí, con las debidas limitaciones y una normativa estricta, privando al arte urbano de su auténtico espíritu reivindicativo y contestatario (si alguien está interesado en el tema, recomiendo la obra TVBOY, quien ha sabido llenar de regalos las calles de Barcelona).

1: Fuente del Moralejo 2: Mural en la Plaza de la Libertad con Calle San Sebastián 3: Mural en la Calle Real, frente a la Universidad
Popular 4: Mural al final de la Calle del Alamillo. Fotos autora
Murales como el situado en la Plaza de la Libertad con la Calle San Sebastián (se representa la efigie de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la localidad, y la fachada de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, único Bien de Interés Cultural declarado de la villa) poco me transmiten, aparte de una bonita y tópica postal colmenareña. Sin embargo, el súperhéroe playero de la Calle del Alamillo (simpático chaval) me lleva a un mundo fantástico lleno de dobles sentidos… y sonrío. La línea que separa el arte urbano del vandalismo es una línea ética, llena de significado, pues sin este no hay arte posible. El grafiti carente de significado es un parche al azar, puro gamberrismo. Así, los que dañaron tan gravemente a la Fuente del Moralejo no son artistas, un artista urbano jamás atentaría contra el patrimonio. Se aprovecharon de la soledad de la fuente y de la falta de vigilancia para cometer su fechoría, marcando un territorio como suyo, como si de animales se tratara.
No tengo soluciones, nadie las tiene. Ciudades como Elche cuentan con policía especializada (Cazagrafiteros) en la persecución de este tipo de delitos, aunque dudo del resultado. Sigo confiando en la información y en la concienciación como salida a esta barbarie.
Referencias:
- COLMENAREJO GARCÍA, F.; LÓPEZ FERNÁNDEZ, P.; SÁNCHEZ MORENO, E. (1997):
“Arqueohistoria del abastecimiento de aguas a Colmenar Viejo: Fuentes y proyectos de viajes”, en Revista de Investigación “Cuadernos de Estudios”, Revista de Investigación de la Asociación Cultural “El Pico San Pedro”, Nº 9, 47-82. ISSN: 1133-0813.
- Los Cazagrafiteros de Elche: www.youtube.com/watch?v=WwqOQWpzdSg
- TVBOY (2020): La calle es mi museo, Barcelona, Ed. Planeta, S.A. ISBN: 978-84-480-2716-2.