La Sierra en el punto de mira

La Sierra en el punto de mira (21)

La Sierra en el punto de mira
Esta nueva sección pretende que la Sierra de Madrid se convierta en el punto de mira sobre multitud de aspectos relacionados con la historia de su paisaje y de sus habitantes. Un punto de mira y de encuentro no solo entre especialistas de diferentes disciplinas, sino también de cuantas personas estén interesadas en el desarrollo histórico de sus localidades o del amplio ámbito geográfico que nos ocupa.

Para ello, mensualmente, fijaremos nuestra atención en los paisajes rurales y urbanos, elementos arqueo-históricos, tradiciones, leyendas o personajes singulares que merezcan ser conocidos por su singularidad, y especialmente cuando merezca su salvaguarda y protección.
Los artículos no deberán sobrepasar las 3 páginas, en formato Word, con un cuerpo de letra 12, debiéndose enviar al correo:

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Fernando Colmenarejo García
Dedicado a las víctimas de los bombardeos de Colmenar Viejo.

Presentación

Dedicamos este nuevo artículo en nuestra sección “La Sierra en el punto de mira” a uno de los episodios más trágicos conocidos en la historia de Colmenar Viejo. El lunes, 28 de noviembre de 2022, se cumplió el 85 aniversario del bombardeo que tuvo lugar sobre esta localidad, causando 63 víctimas civiles, la mayoría de ellas mujeres y niños. Se trataba del cuarto bombardeo, como se verá, con un mayor número de víctimas, si bien hay que tener en cuenta también que el acaecido unos meses antes, en concreto el 21 de julio de ese mismo año de 1937, coincidiendo con el final de la batalla de Brunete, causó también 11 muertes, sin incluir a un Guardia de Asalto o las numerosas bajas militares, además de importantes daños en las cosechas y las viviendas; objetivos evidentes de la aviación, que venía repitiendo insistentemente para causar su efecto en la moral de los habitantes.

Cuando en la Pedriza de Manzanares el Real, se comenzaron a encontrar petroglifos grabados en las rocas, la sorpresa fue grande, algunos eran claramente letras latinas, otros recordaban letras del alfabeto Ibérico o formas raras, serpientes, círculos, etc. de esta primera época se escribieron dos artículos. 1

En un principio la profusión de formas no reconocibles nos llevaba a épocas muy remotas sobre todo por los paralelos en Dólmenes y petroglifos de otros sitios de tiempos muy antiguos. Algunos trabajos publicados nos llevaban a pensar que podían ser dibujos de las marcas que se ponen al ganado, para distinguirlo de los demás, esta hipótesis fue la que se mantuvo, con reservas respecto a los grabados extraños.

 En años posteriores se han localizado varios enclaves más, que han permitido corroborar esta hipótesis original, formando un pequeño corpus de grabados que tienen su origen en la ganadería de la comarca, y especialmente en la ganadería brava. 2

Como continuación -y también como aclaración de determinados puntos- de mi última aportación publicada en esta sección (Martín, 2022), y aprovechando la magnífica exposición que estos días está presentando en Madrid el Museo Nacional de Antropología: Todo empezó en el 84. Orígenes del graffiti en España (Reyes, 2022), me gustaría comentar brevemente algunos motivos por los que los transeúntes podríamos experimentar extrañeza, perplejidad y/o rechazo al encontrar grafitis en nuestras ciudades -en Colmenar Viejo, contamos con varios ejemplos de alta calidad plástica-. Y me explico: en primer lugar, tendemos a emplear los conceptos “pintadas y grafitis” como sinónimos, pero no lo son (Vigara y Reyes, 1996), ya que la pintada (al contrario que el grafiti) tiene el propósito de llamar la atención del receptor y de informarle sobre algo; es decir, contiene un mensaje, político o social, sin conllevar necesariamente una intención artística para sus fines. El grafiti sí tiene una dimensión estética y su mensaje es el de las formas, no el de los contenidos, y a diferencia de las pintadas, que suelen ser anónimas (salvo las firmadas en nombre de una colectividad interesada), el escritor de grafitis quiere dejarse ver (1), por lo que firma sus obras como muestra de su valor y de su calidad. 

 A cualquier visitante que tenga conocimientos se le antojará una sencilla obra del siglo XVII, a tenor de las cuidadas formas de su espadaña, de buena factura en mampostería y ladrillo. Nave única, sacristía en añadido completando la fachada Sur, la que cuenta con el acceso al templo, cubierto por un pequeño atrio de tiempos recientes y poco más. La cabecera, poco visible desde el exterior, a causa de un vallado, marca la nota discordante, siendo de planta semicircular. 

Hace ahora cien años, es decir, en el año 1922, los colmenareños, tan apegados a sus fiestas patronales seguían con esfuerzo y esmero preparando los actos en honor de su patrona la Virgen de los Remedios, en los que los festejos taurinos tenían un destacado protagonismo; además, desde hacía más de treinta años disponían de una plaza de toros, construida ex profeso donde celebrarlos, lo que sin duda resultaba una cuestión diferenciadora de los demás pueblos del entorno. 

El Ayuntamiento como responsable de que todo ello se llevase a cabo con el mayor esplendor posible, tenía al frente, ese año, como alcalde por designación real, a José Sanz y Sanz, que se hubo de enfrentar a un problema que se repetía con reiterada frecuencia, y que no era otro que el de buscar un empresario que se encargara de organizar los festejos. Se confeccionó el correspondiente pliego y se fijó el día 15 de junio a las 11 de la mañana, como día y hora para la presentación de pliegos; pero como otras muchas veces había ocurrido no se presentó ninguno, por lo que los ediles decidieron hacer una pequeña modificación en el sentido que los gastos de acondicionamiento del coso serían a partes iguales entre el Ayuntamiento y el adjudicatario, pero con la advertencia expresa de que las tablas que conformaban la barrera deberían quedar en perfectas condiciones cuando finalizase la adjudicación, la fecha del 2 de julio fue la nueva fijada, pero se repitió el resultado de no comparecer ningún candidato a empresario 

Tras las excavaciones arqueológicas realizadas en junio de 1994 en tres de las fuentes históricas más emblemáticas de Colmenar Viejo (Colmenarejo García et al., 1997), y su posterior recuperación y puesta en valor, la Fuente del Moralejo revivió (tan bonita quedó) volviendo a ofrecer al caminante el frescor y el reposo de antaño, cuando calmaba la sed de caminantes y ganados en el largo camino entre Segovia y Alcalá de Henares.

Poco duró la alegría. No muchos años después, un mal día, amaneció mancillada, herida en su dignidad, ofendida, humillada: la Fuente del Moralejo había sido pintada, grafiteada por unos desalmados que la despreciaron y vilipendiaron, devolviéndola de nuevo al olvido. Porque al deterioro que ya venía arrastrando por falta de mantenimiento (de nada sirve poner en valor un bien patrimonial si no se realizan las labores necesarias para su conservación) ahora se sumaba el daño cruel de las pintadas, daño muy difícil de reparar, por otra parte, ya que tanto la limpieza química como la mecánica, o la realizada por ablación láser, causan daños permanentes en el granito. Difícil solución.

También lo podríamos titular: “Mucho bombo institucional para que, al final, todo quede en agua de borrajas”. O bien: “Más desprecio y burla al pueblo de Colmenar Viejo” 
Fernando Colmenarejo García. 
Arqueólogo. 
Cercando el campo abierto 

Es indudable que los responsables de la villa de Madrid andaban continuamente con quebraderos de cabeza, como consecuencia de los daños que se producían en el terrazgo del Real de Manzanares. Nombre dado a la antigua demarcación territorial, fijada y tomada por Alfonso X para dirimir las tensiones por su disputa entre los concejos de Segovia y Madrid. Vamos, que ni para uno ni para otro, para el monarca. No en vano, fue apodado “el sabio”. 

El 15 de abril de 1982, hace cuarenta años, se estrenaba en los cines Capitol, Luchana y Carlton de Madrid, Cónan, el bárbaro, un título de John Milius, absolutamente reivindicado en la actualidad, y que en su momento ya fue un auténtico éxito. No fue solo un estreno nacional, si no mundial, ya que la película se había rodado en España, y la productora quiso tener una deferencia con nuestro país.

Dedicado a Miguel Fontecha, Sebastián Torres y Mariano de Andrés 
El pasado viernes, 25 de marzo, se presentó en la Casa de la Juventud, de Colmenar Viejo, el número 36 de la Revista de Investigación “Cuadernos de Estudios”. Como de costumbre, la organización permite a los autores presentar su artículo durante unos minutos. En el último de ellos, dedicado al resumen que cada temporada realiza extraordinariamente la Asociación cultural “Conocer Colmenar caminando”, su autor, Sebastián Torres, denunció el cambio de un topónimo en la dehesa de Navalvillar, y en concreto al hecho de utilizar el nombre de “Navalahija” para un yacimiento arqueológico, cuya ubicación se encuentra en la margen izquierda del arroyo de Tejada, por lo que su registro toponímico se corresponde con el de “Valdepuercos”. 

La práctica del carboneo hunde sus raíces en la antigüedad. Desde hace milenios el ser humano ha fabricado carbón vegetal para combatir el frío, calentar la comida o alimentar los hornos que darían vida a las herramientas necesarias en su día a día. Dicha práctica, ha acompañado intensamente nuestras vidas hasta mediados del siglo pasado, perdurando hoy día como combustible en alguna que otra barbacoa veraniega. Pero este aprovechamiento llegó a ser tan intenso, y en algunos casos, incluso tanabusivo y devastador, que tuvo que regularse desde época muy temprana por diferentes leyes y ordenanzas.

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