INTRODUCCIÓN
El 15 de abril de 2005 se presentaba el primer número de esta serie de Guías del Patrimonio Arqueológico, Histórico y Artístico de Colmenar Viejo, dedicado al yacimiento arqueológico de Remedios. Se trataba de una apuesta cultural de Jorge García Díaz, entonces concejal de cultura y en la actualidad alcalde de la localidad. Una serie que pretendía poner al alcance de la población el extraordinario legado patrimonial, y que, al tratarse de “patrimonium”, se entendiera obviamente como un derecho, una necesidad para entender nuestro pasado, pero también un deber sobre su uso y disfrute actual y de las generaciones venideras.

EGIPTO Y LOS REINOS DEL NILO EN SUDÁN

Roberto Fernández Suárez

Introducción

En el primer tercio del siglo XX, San Sebastián de los Reyes era una pequeña población rural, de las muchas que rodeaban a la capital. Su población se dedicaba, en su gran mayoría, al sector agrícola. La extensión de su término municipal no era especialmente amplia lo que dificultaba la presencia de grandes extensiones de tierras en manos de unos pocos hacendados, de tipo latifundista. Al contrario, destacaba la presencia de propietarios de pequeñas fincas y huertas. La gran mayoría de ellos no superaba una hectárea en propiedad mientras que los propietarios más pudientes sumaban muchas fincas pequeñas, dedicados sobre todo a la tierra y labor así como para viñas y huertas[1].

CULTURAS POLÍTICAS EN EL MUNDO HISPANO
maría josé pérez álvarez - alfredo martín garcía

Evolución y funcionalidad del comunal en la Sierra de Guadarrama
(Madrid), siglos XV-XVIII1
Javier Hernando Ortego
Departamento de Análisis Económico: Teoría Económica e Historia Económica
Universidad Autónoma de Madrid
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Resumen
Desde la Edad Media la organización del comunal en el Real de Manzanares (Sierra de Guadarrama) presentó una estructura compleja derivada del reconocimiento de los derechos de la villa y tierra de Madrid. Nos encontramos ante unos comunales compartidos pero claramente asimétricos. El crecimiento demográfico y las necesidades económicas de las comunidades locales del Real chocaron con la pretensión madrileña de mantener estática la gestión del comunal.

LA HISTORIA DE LA SIERRA NORTE EN SUS LIBROS

La Sierra Norte es un territorio propicio para la investigación histórica. No en balde, y sin ánimo de exhaustividad, cuenta con no menos de veinte libros que abordan el estudio de su historia, predominando los que analizan en detalle los avatares de una sola localidad –más de quince-; los estudios generales son menos en número
pero no en calidad. Nuestro propósito aquí es poner sobre el papel estas monografías y algunas de sus claves explicativas, en aras a facilitar al lector una guía que le permita profundizar en el conocimiento de la historia serrana.

Partimos de la dificultad del análisis de la Sierra Norte; complejidad que asoma en su delimitación geográfica –42 pueblos adscritos a siete grandes áreas cambiantes en el tiempo, como son la tierra de Sepúlveda, el sexmo de Lozoya, Uceda y su tierra, el señorío y la tierra de Buitrago, la tierra de Talamanca, el Real de Manzanares y el condado de Puñonrostro-, y hasta en su nombre (por solo citar alguno, la hoy Sierra Norte fue hasta ayer Sierra Pobre, y mucho antes la Trasierra segoviana). En esta última línea, no es poco comprender que los términos con los que designamos estas áreas dependen en muchas ocasiones de criterios políticos -cuando no propagandísticos- que muchas veces escapan al común de los mortales.

Zafarse de estas limitaciones no es fácil, pero lo han conseguido dos de los libros que han estudiado la sierra en las Edades Media y Moderna con una pretensión general. Nos referimos, en primer lugar, al estudio de Ángel Carrasco Tezanos, “La sociedad campesina en la sierra de Guadarrama a finales de la Edad Media” (Madrid, Asociación Cultural Al-mudayna, 1999) Paradójicamente, este autor ha escrito el mejor libro y al tiempo el más complejo, pues no en vano ha tenido que lidiar con una documentación como la medieval, de por sí dispersa y de difícil localización y transcripción.

Con rigor y mucho oficio, Ángel Carrasco ha abordado el estudio de todo el ámbito serrano de influencia segoviana –la llamada Transierra (es decir, mucho más que la Sierra Norte)- entre fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna. Su análisis cubre los aspectos más importantes de la vida serrana de ese período: la demografía, la base económica, los concejos de aldea, el peso de los bienes colectivos en la sociedad y economía local, o la formación de los distintos grupos sociales serranos. No hay nada igual desde una perspectiva de conjunto para toda la sierra. En la misma línea general y de valoración de los bienes comunales y colectivos está la investigación de Esther Sáez Pombo, a la que hay que agradecer que haya incorporado en su estudio geográfico “Montes públicos, territorio y evolución del paisaje en la Sierra Norte de Madrid” (Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2000), una larga introducción explicativa de índole histórica tendente a comprender la formación del paisaje que contemplamos hoy en nuestro territorio. Esa introducción analiza el mosaico jurisdiccional serrano y su evolución desde la Edad Media hasta el siglo XIX.

Mapas, planos, gráficos y fotografías nos introducen de lleno en la historia del paisaje de nuestros montes.
Estos estudios pueden complementarse con aquellos que analizan aspectos concretos de nuestra historia. Desde hace años María Asenjo González nos recuerda en sus libros y artículos el papel trascendental de la ciudad de Segovia en la repoblación de la vertiente sur de la sierra de Guadarrama.
El libro del Grupo´73, “La economía del Antiguo Régimen. El señorío de Buitrago”, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1973, basado en la documentación del Catastro de la Ensenada de mediados del siglo XVIII, se ciñó al estudio del señorío de Buitrago, pero sirvió para forjar un modelo susceptible de ser aplicado a otras zonas serranas. Los trabajos de Javier Hernando Ortego sobre el Real de Manzanares en la Edad Moderna –su tesis inédita y más de una decena de artículos- se han preocupado por conocer la importancia de los bienes colectivos (comunales, propios de los concejos) para las economías campesinas de la sierra así como la incidencia del cazadero real del monte del Pardo en esas mismas economías y la respuesta campesina en forma de resistencias, violencia, furtivismo.... Desde la antropología (los estudios de Matilde Fernández Montes) y la arqueología (Equipo A de Arqueología) se ofrecen análisis que van más allá de lo local y de temáticas específicas (lo tradicional o el agua), pues dan entrada al estudio de las desamortizaciones, la incidencia del canal de Isabel II o los oficios artesanos. De esta última temática se hacen eco la mayoría de las investigaciones. Pero lo realmente importante es que ya procedan de la geografía, la arqueología, la antropología o la etnografía, estos trabajos tienen un referente ineludible en la evolución histórica de la sociedad serrana.

Todas estas investigaciones son solo la punta de lanza de la historiografía sobre la sierra. Aunque deslavazada a veces, e incluso desligada de las problemáticas generales de la historia, existe toda una legión de estudios locales, entre los que caben destacar, de nuevo sin ánimo de exhaustividad, los pioneros de Matías Fernández García (sobre Montejo de la Sierra, Buitrago y su tierra), Jesús Carlos González Sanz (Pedrezuela), Lourdes y José Ángel Sanz (Canencia), y Oscar López Canencia (Alameda del Valle), José Martín López y Francisco Martín Baonza (Bustarviejo), Carmen García Márquez (Guadalix), José Pérez Muñoz (Torrelaguna) o Alejandro
Martín Ortega (San Agustín de Guadalix).

Desde aquí debemos agradecer el enorme esfuerzo realizado por todos los autores y autoras –incluso los no citados- para rescatar la historia de la sierra en la que vivimos. Solo resta añadir que falta una historia de conjunto de toda la Sierra durante las Edades Moderna y Contemporánea –del tipo de la ya mencionada de Ángel
Carrasco para la Edad Media-. En la Universidad Popular asumimos el reto. Ojalá que pronto podamos poner en vuestras manos, una Historia de la Sierra Norte a la altura de sus habitantes.

Aula de Historia Social de la Uniposible
Publicado en Senda Norte, Noviembre de 2014

INTRODUCCIÓN
Del Poder de las palabras (De la Trasierra a la Sierra Norte, pasando por la Sierra Pobre) En Alicia a través del espejo, Lewis Carrol puso en boca de un huevo muy redicho una frase demoledora: “la cuestión es saber quién manda aquí”. La cosa venía a cuento de la extrañeza de la inquieta Alicia por el cambiante significado de
las palabras. Humpty Dumpty, que así se llamaba el huevo, afirmó “cuando yo utilizo una palabra, significa lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos”. El huevo sabía de lo que hablaba: las palabras significan aquello que el poder quiere y puede cambiarlas a su conveniencia. Viene esto a colación de los diferentes nombres de nuestra sierra a lo largo de la Historia. En la Edad Media, cuando este espacio era un área de colonización de Segovia, los de la ciudad del Acueducto la denominaron la Trasierra, es decir, su área de influencia más allá de la Sierra de Guadarrama. La definición tenía una lógica de expansión del territorio, pero era bastante inocente o inocua si la comparamos con la adoptada durante buena parte del siglo XX, cuando a nuestra parte de la Sierra comenzó a llamársele la Sierra Pobre.

El concepto de Sierra Pobre tenía su miga, pues durante todo el siglo la zona oriental serrana había pasado a ser un área deprimida, sin apenas  atención de la administración. Era una definición que intentaba reflejar sus diferencias con el área occidental de la sierra. Esta otra zona había atraído mucho más a unos urbanitas deseosos desde fines del siglo XIX de encontrar en la naturaleza un lugar de esparcimiento y ocio. El contraste reposaba en unos servicios mejores (sobre todo, en el transporte y el alojamiento), más inversión, más renta per capita. Qué le vamos a hacer, a esa zona se dirigió el dinero de los madrileños deseosos de escapar los fines de semana de lo que ya era una ciudad asfixiante. Pocos llegaron a esta parte oriental de la Sierra; si cabe hasta Manzanares y Miraflores. Dicho esto, nuestra área de la Sierra se llamó pobre hasta que, en una operación de imagen, a alguien de la administración se le ocurrió llamarla Norte. Así son las cosas del poder, que llegan hasta a cambiar el significado de las palabras. 

Qué razón tenía Humpty Dumpty. La cuestión es quién manda aquí.

Llámese Trasierra, Sierra Pobre o Sierra Norte, lo que vamos a intentar explicar aquí es la Historia de un área muy rica en aspectos sociales y económicos. Lo que tiene el lector en sus manos es el resultado de cuatro actividades organizadas por la Universidad Popular de la Sierra Norte, un proyecto colectivo surgido del movimiento 15 de mayo (conocido como 15M). La organización de esas actividades corrió a cargo del aula de Historia Social, un espacio donde personas que habían investigado sobre nuestra Sierra nos explicaron su visión sobre lo ocurrido aquí entre finales de la Edad Media y finales de la Edad Moderna. Una primera presentación corrió a cargo de Ángel Carrasco Tezanos, autor de un libro imprescindible sobre la Sierra titulado, La sociedad campesina en la sierra de Guadarrama a finales de la Edad Media, Madrid, Asociación Cultural Almudayna, 1999; otras dos corrieron a cargo de José Nieto, coordinador del aula; y la última fue realizada por Santos Madrazo, buen conocedor del mundo del bandolerismo. La primera charla, la segunda y la cuarta están colgadas en la web de la UNIPOSIBLE. El libro incluye también los artículos publicados en Senda Norte para difundir las actividades.

La redacción final de este estudio se basa en las charlas que tuvieron lugar en el Centro Comarcal de Humanidades de La Cabrera, pero es fruto de la reelaboración de otros materiales –libros, artículos…- por parte del coordinador del aula.

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GUADALIX DE LA SIERRA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA, LA GUERRA CIVIL Y EL PRIMER FRANQUISMO

ROBERTO FERNÁNDEZ SUÁREZ


Introducción

Guadalix de la Sierra era, en el primer tercio del siglo XX, una población eminentemente rural. La tenencia de la tierra había cambiado poco desde épocas anteriores. Una gran mayoría de vecinos era propietaria de pequeñas propiedades que no superaban 1 hectárea por familia, escasa cantidad de tierra para poder mantener una familia entera. Para ello, era necesario trabajar en otras tareas como la de mantener una pequeña huerta en la ribera del río Guadalix, los llamados quiñones, que permitían a las familias humildes de la localidad tener una ayuda de cierta importancia en frutas, legumbres, hortalizas y demás grano como el trigo, centeno, cebada y almorta . Otra posibilidad era la de trabajar para otros vecinos más pudientes como jornalero pero también como mediero, aportando su fuerza de trabajo y la de su propia yunta de mulas o bueyes. El mantenimiento de esta fuerza animal era un gasto considerable para las familias humildes por lo que el recurso comunal de las tierras pertenecientes al ayuntamiento era un alivio económico importante. Dichas dehesas municipales servían para pasto gratuito como alimento para las bestias, propiedad de los vecinos de la localidad.

Realmente esta situación de principios del siglo XX no había cambiado mucho de épocas anteriores. A mediados del siglo XVIII, por ejemplo, más del 80 % de las familias se dedicaban a la agricultura y la ganadería, sector productivo principal a lo largo del tiempo y aún imperante en el primer tercio del siglo XX en Guadalix de la Sierra. De un total de 173 familias existentes en la población, 11 se dedicaban principalmente al pastoreo, 28 cabezas de familia eran jornaleros del campo, es decir obreros agrarios sin tierras mientras que la gran mayoría, 116 familias, eran labradores, es decir propietarios de tierras propias a las que se dedicaban para mantener a sus familias. En este grupo mayoritario de vecinos, dueños de fincas, dominaba el pequeño propietario, en su gran mayoría .

Este sector agrario, dominante en la sierra de Madrid, era fundamentalmente dependiente. A pesar de ser propietarios, el tamaño de sus propiedades no alcanzaba para mantener holgadamente a su familia. Era imprescindible la búsqueda de otras actividades económicas complementarias a la principal, situación que provocó una extrema complejidad en las relaciones sociales locales. Un de ellas era aprovecharse de las relaciones de parentesco. Las familias en situaciones económicas parecidas se auto-ayudaban en tareas agrarias como forma de mantener su precario nivel económico. Otra posibilidad era la de ofrecerse como mano de obra para vecinos más pudientes. Para ello era fundamental “llevarse bien con los demás vecinos”, ser buen trabajador y cumplir con los tratos convenidos con las otras partes. Pero también se podía conseguir incluso trabajar tierras de otros mediante acuerdos o tratos, lo que se llama en diferentes partes del país, ser “medianeros”: se cultivaban tierras ajenas a cambio de una parte de la cosecha.

Estas relaciones económicas crearon, a lo largo del tiempo, unas fuertes redes sociales entre los vecinos, cimentadas en una interdependencia bastante acentuada entre unos y otros. Los cambios estructurales, con el paso del tiempo, eran prácticamente nulos. No hubo concentración de tierras en manos de unos pocos vecinos, ni existieron propietarios latifundistas que hubiera obligado a un empobrecimiento de gran parte de los jornaleros locales. Se mantuvo esta configuración social y económica sin apenas cambios hasta la llegada de la Segunda República en Guadalix de la Sierra.

A nivel político, la pequeña élite local se confundía con los mayores propietarios agrarios locales con la inclusión de miembros de otros sectores económicos de la localidad como determinados comerciantes, boticario, médico, etc… Dicha élite, a partir de finales del siglo XIX, una vez consolidado el bipartidismo político entre liberales y conservadores en la monarquía del monarca Alfonso XII y más tarde de Alfonso XIII, se consolidó en los ambientes rurales y locales del país con fuertes relaciones con los representantes políticos superiores, los diputados a Cortes y el gobernador civil de la provincia, relaciones que pretendieron fijar dicho modelo bipartidista con el apoyo de la élite política local, llamada también los caciques.

Esta configuración social de la vida social y económica locales que cimentaba una pequeña población rural como era Guadalix de la Sierra tenía un gran enemigo. No procedía de su interior sino desde fuera, desde lo que se llamó la modernidad. Los acontecimientos producidos a consecuencia de la invasión francesa de Napoleón, las posteriores políticas nacionales inmersas en luchas dinásticas de la Corona Española, dejaron las arcas del Estado en la ruina lo que provocó, de las manos de los liberales, varias desamortizaciones de tierras de propiedad eclesiásticas y concejiles con el fin de recuperar parte de la deuda con la venta de dichas propiedades a manos privadas.
En Guadalix de la Sierra, se vendieron propiedades eclesiásticas de la iglesia parroquial y de las ermitas del pueblo, en especial la de la ermita de Nuestra Señora del Espinar, patrona de la localidad. Concretamente el 16 de marzo de 1861 se vendieron las propiedades de dicha ermita que quedaron adjudicadas al vecino Pedro Junco . En este caso particular, la compra de dichas propiedades se realizó por un vecino de la localidad, sin participación foránea, lo que desgraciadamente no ocurrió con una de las grandes propiedades municipales, la dehesa del Quejigal.

Fue un acontecimiento de gran relevancia y que tuvo graves consecuencias para la población de Guadalix de la Sierra. El Estado obligó por ley a que todos los ayuntamientos pudieran demostrar tanto la titularidad como el uso común de sus dehesas. Y así se hizo por parte del ayuntamiento de Guadalix de la Sierra, ratificado por el Estado mediante Real Orden de 1 de diciembre de 1884. Dicha dehesa tenía una extensión de 410 hectáreas y cercada toda ella de pared de piedra. Al norte, lindaba con las Calerizas, al este con montes de propiedad privada, al sur con terrenos labrados del “Verdugal” y al oeste con el camino de San Agustín del Guadalix.

Pero, once años después, un particular, Enrique Ortiz Lanzagosta, denunció al ayuntamiento de Guadalix de la Sierra en 1895 “de que la dehesa del Quejigal no se destinaba a los fines de la concesión de excepción porque el ayuntamiento de Guadalix de la Sierra arrendaba sus pastos” . Fue el inicio de una turbia operación de especulación que tuvo con objetivo desproteger la dehesa del Quejigal para apropiarse de ella mediante su compra a manos privadas.
Una vez aceptada dicha denuncia por la Dirección General de Propiedades, ésta la declaró procedente y revocó la Real Orden de 1884 que exceptuaba la venta de dicha dehesa. En consecuencia, el 15 de febrero de 1896, dicha Dirección General disponía la enajenación de dicha dehesa y, a continuación, procedía a su inmediata venta para el 7 de octubre de 1896.

Pero ¿Qué hizo el ayuntamiento de Guadalix de la Sierra para evitar esta situación? Las autoridades locales siempre alegaron en su defensa falta de información por parte del Estado. Fueron engañados desde el interior del Estado por algunos que interfirieron para facilitar su venta a manos privadas.
La Real Orden del 15 de febrero de 1896 no fue debidamente notificada al ayuntamiento de Guadalix de la Sierra, así se defendió el consistorio al mismo tiempo que recurrían dicho acuerdo cuando ya se había realizado la venta de dicha dehesa, el 31 de octubre de 1897. Dicha Dirección General desestimó, el 28 de septiembre de 1898, las justificaciones presentadas por el ayuntamiento y solo le quedaba al consistorio interponer un recurso a dicho dictamen. Esta operación, lamentablemente, no se llevó a efecto.

No sabemos por qué el ayuntamiento no utilizó esta última oportunidad para defender su dehesa. ¿Por incapacidad, por falta de recursos, por olvido o simplemente por una interesada negligencia? Lo que parece cierto es que las supuestas trampas que pudieron emanar desde el interior del Estado pudieron tener connivencia entre los miembros del ayuntamiento del año 1898.

El primer comprador de la dehesa del Quejigal, Manuel Berriatua, un testaferro en toda regla, la vendió por 140.000 pesetas el mismo día de su compra a quien realmente le interesaba su adquisición: a Esteban Hernández Martínez, criador de reses bravas. El pueblo de Guadalix de la Sierra se quedó sin dehesa, sin una fuente gratuita e importante de ayuda para todos sus vecinos. Hasta 1931, las quejas del ayuntamiento fueron constantes, “llegando a choques con motivo a esta cuestión y a cierta violencia” . No era para menos, porque esta sospechosa privatización había creado un cierto empobrecimiento general de la población a costa de “la recría de reses de lidia que cabe considerar como punto de lujo y ostentación” . Como muestra de este malestar, el periódico El Globo recogió en su noticiario la reunión mantenida el 4 de junio de 1909 entre una comisión de vecinos y miembros del Ministerio de Hacienda para intentar reconducir esta situación.

En 1930, Guadalix de la Sierra tenía 1.274 habitantes, menos que Miraflores de la Sierra pero más que las localidades vecinas de Chozas de la Sierra o Pedrezuela. Del total de varones existentes, 657, 180 eran analfabetos, es decir un 27 % mientras que las mujeres, en total 617, 195 eran analfabetas, un 30 %, un porcentaje ciertamente elevado pero en consonancia con la media de los demás pueblos serranos durante esos años. Con la existencia de una escuela para niños y niñas, abandonaban los estudios entre los 15 y los 16 años y tanto los varones como las mujeres entraban rápidamente en el mundo laboral, primero el que correspondía al mundo familiar.

Estos datos procedentes de censos nacionales contrastan con la dificultad de consultar información documental histórica procedente del archivo municipal de Guadalix de la Sierra. Esta inmensa fuente de información no existe en la actualidad porque, como veremos más adelante, dicho archivo quedó destruido en un incendio ocurrido en 1937. Todo ello dificulta enormemente la posibilidad de estudiar el pasado de la localidad. Tenemos muy poca información que ofrecer. Por ejemplo, durante el periodo de la dictadura de Primo de Rivera cuando el general suspendió los ayuntamientos monárquicos y procedió a crear ex profeso unos nuevos sin elecciones, en 1923 hasta el nombramiento de nuevo ayuntamiento con el gobierno del general Berenguer en 1930, sabemos de forma indirecta que el alcalde de Guadalix de la Sierra, durante unos pocos años, fue Antonio Vázquez Fernández. Era labrador. Había nacido en esta localidad el 17 de enero de 1877, siendo sus padres Nicomedes e Isabel. No podemos conocer quiénes fueron sus concejales durante ese periodo ni quienes fueron nombrados en 1930. Una falta de información que nos impide conocer los nombres de aquellas personas que estuvieron implicados en los asuntos municipales a lo largo de esos años. Más si cabe si pensemos en que este periodo de la dictadura fue un intento de promover a otras personas en la política local, diferente de la élite monárquica.

Se conoce, sin embargo, la composición del ayuntamiento del año 1925, en pleno periodo de la dictadura de Primo de Rivera, sin saber exactamente el tiempo que ejercieron su mandato sus ediles. Son nombres, desde luego, que no volverán a aparecer entre la élite política local posterior inmediata.

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LA INSTITUCIÓN MUNICIPAL  EN LA HISTORIA DE MIRAFLORES DE LA SIERRA.
TERRITORIO y CULTURA.
Roberto Fernández Suárez

PRESENTACION
Es para mí una gran satisfacción presentar este pequeño tra-bajo que recoge ciertos aspectos de la vida de Miraflores de la Sie-rra, tan desconocidos como curiosos, que han ido configurando el perfil del municipio junto con conflictos y convivencias en la vida de nuestros antepasados, que ha hecho posible nuestra realidad presente.
La culminación de esta obra no hubiera sido posible sin el desinteresado trabajo de Roberto Fernández Suárez y el equipo de personas que han colaborado con él, por lo que a través de estas líneas quiero expresarles mi sincero agradecimiento.
Espero seguir, en el futuro, ampliando nuestra historia más cercana, con nuevas publicaciones.

EL ALCALDE

Roberto Fernández Suárez

Tesis doctoral defendida en 1997 por Roberto Fernández Suárez, bajo la dirección de Honorio Velasco Maillo, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, donde se plantea un profundo estudio sobre la religiosidad popular centrado en la comarca de Colmenar Viejo.

El eje de esta tesis ahonda, como explica su autor, en “las dinámicas reflexivas que han existido y existen en la actualidad entre la Iglesia universal y las iglesias locales”, y en conclusión, que “las iglesias locales forman parte de un contexto local que ha sabido crear un panteón devocional particularmente atractivo para sus fieles, hecho, en muchos casos, a su medida particular. Tanto la Iglesia universal como las iglesias locales han tenido su parte de responsabilidad en todo ello”.

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Los espacios legítimos de la  representación política de una  población rural de Madrid 
ROBERTOFERNANDEZSUAREZ
DEPARTAMENTO DE ANTRO PO LOGIA SOCIAL. UNED.
RESUMEN
antropologia m94

En este texto el autor analiza la situación política de una pequeña comunidad rural de la provincia de Madrid en un contexto de cambio social. Realiza en primer lugar un desglose de las diferentes categorías que articulan los diversos niveles de la representación política y su espacio legítimo considerados como propios de su cultura política local. Hace un repaso de carácter histórico de las diferentes modalidades que han acompañado las figuras políticas locales y, finalmente, estudia los distintos impactos y sus consecuencias dentro del en­tramado localmente articulado de la constante integración de la segunda re­sidencia y de sus moradores en la vida política local.

Este estudio se caracteriza por una fundamental ambigüedad. Pretende reconocer las formas del devenir de una comunidad rural cuyo horizonte parece, al menos en su vertiente política, incierto. Su primer paso es in­tentar desgranar las diferentes modalidades que conforman tanto los es­pacios como las representaciones de la esfera política de dicha población. Para ello ha sido sugerente la aportación de David Kertzer cuando afirma  que el antropólogo debería liberarse de cualquier prejuicio etnográfico apoyándose en las herramientas teóricas, definidas en función de socie­dades exóticas, para analizar los símbolos, mitos o rituales, y subrayar la unidad de los procesos políticos que pueden coincidir entre dos culturas distintas (Kertzer, 1992). 

Ermitas, altares y cofradías.
Estrategias religiosas en Colmenar Viejo (siglo XVI-XX)
Roberto Fernández Suárez

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