Existe la creencia, demasiado extendida, de que solo las grandes cosas son lo suficientemente importantes como para ser merecedoras de ser conservadas y mantenidas, una creencia que desestima la grandeza de lo más pequeño, de lo singular y único.
En el caso del mundo de la archivística, son los grandes archivos estatales, provinciales y diocesanos los que parecen recoger la mayor aceptación y ayuda para su conservación, puesta en valor y facilidad de acceso a la investigación. Aunque no tienen toda la inversión económica que debieran, la concepción de que son los “únicos garantes de la documentación histórica” hace que tengan un reconocimiento o una categoría que ensombrece la realidad del resto de archivos. Y es que, por evolución histórica, todos nuestros municipios conservan documentación única y esencial en sus ayuntamientos, dependencias administrativas y parroquias, una documentación que, por ley, es Patrimonio Documental e Histórico Local, Provincial y Estatal.