Presentación
Entre 1915 y mediados de los años 70 la Sierra de Guadarrama fue testigo de un singular fenómeno: la llegada cada verano de cientos de muchachos uniformados que, instalados en tiendas de campaña, convertían la naturaleza en su hogar durante algunas semanas.
Los lugares donde acamparon son hoy parajes silenciosos y vacíos donde a menudo solo encontramos ganado pastando. Nada queda del bullicio y la actividad de aquellos días, pero el ojo atento reconoce aquí y allá las infraestructuras abandonadas que servían de apoyo a aquellos efímeros poblados de lona.
Introducción
El periodo histórico de la localidad madrileña de Hoyo de Manzanares que se va a analizar en este trabajo corresponde, a grandes rasgos, al surgimiento de un cambio estructural y sus consecuencias que afectó al modo de vivir de sus habitantes. Al igual que otras poblaciones de la sierra de Madrid, la localidad de Hoyo de Manzanares se vio transformada por los efectos directos pero también colaterales de la modernidad representada por la capital de la nación y su cercanía a ella. En efecto, esta modernidad entendida como la puesta en marcha de nuevas formas de desarrollo económico iba a minar, poco a poco, las estructuras económicas, sociales y culturales de los habitantes de una zona serrana de la sierra de Guadarrama. Uno de los efectos transformadores de la modernidad estuvo relacionado con la creación de una red de ferrocarriles con una situación privilegiada de Madrid como centro de un nudo ferroviario que se fue desarrollando a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.
Introducción
Este trabajo pretende analizar, mediante una investigación propia de la historiografía social y política, el contexto histórico de la población de Fuencarral y de sus barrios durante un corto periodo de tiempo pero vivido intensamente, como no podía ser, casi, de otra manera, por sus moradores.
INTRODUCCIÓN
El 15 de abril de 2005 se presentaba el primer número de esta serie de Guías del Patrimonio Arqueológico, Histórico y Artístico de Colmenar Viejo, dedicado al yacimiento arqueológico de Remedios. Se trataba de una apuesta cultural de Jorge García Díaz, entonces concejal de cultura y en la actualidad alcalde de la localidad. Una serie que pretendía poner al alcance de la población el extraordinario legado patrimonial, y que, al tratarse de “patrimonium”, se entendiera obviamente como un derecho, una necesidad para entender nuestro pasado, pero también un deber sobre su uso y disfrute actual y de las generaciones venideras.
Roberto Fernández Suárez
Introducción
En el primer tercio del siglo XX, San Sebastián de los Reyes era una pequeña población rural, de las muchas que rodeaban a la capital. Su población se dedicaba, en su gran mayoría, al sector agrícola. La extensión de su término municipal no era especialmente amplia lo que dificultaba la presencia de grandes extensiones de tierras en manos de unos pocos hacendados, de tipo latifundista. Al contrario, destacaba la presencia de propietarios de pequeñas fincas y huertas. La gran mayoría de ellos no superaba una hectárea en propiedad mientras que los propietarios más pudientes sumaban muchas fincas pequeñas, dedicados sobre todo a la tierra y labor así como para viñas y huertas[1].
CULTURAS POLÍTICAS EN EL MUNDO HISPANO
maría josé pérez álvarez - alfredo martín garcía
Evolución y funcionalidad del comunal en la Sierra de Guadarrama
(Madrid), siglos XV-XVIII1
Javier Hernando Ortego
Departamento de Análisis Económico: Teoría Económica e Historia Económica
Universidad Autónoma de Madrid
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Resumen
Desde la Edad Media la organización del comunal en el Real de Manzanares (Sierra de Guadarrama) presentó una estructura compleja derivada del reconocimiento de los derechos de la villa y tierra de Madrid. Nos encontramos ante unos comunales compartidos pero claramente asimétricos. El crecimiento demográfico y las necesidades económicas de las comunidades locales del Real chocaron con la pretensión madrileña de mantener estática la gestión del comunal.
LA HISTORIA DE LA SIERRA NORTE EN SUS LIBROS
La Sierra Norte es un territorio propicio para la investigación histórica. No en balde, y sin ánimo de exhaustividad, cuenta con no menos de veinte libros que abordan el estudio de su historia, predominando los que analizan en detalle los avatares de una sola localidad –más de quince-; los estudios generales son menos en número
pero no en calidad. Nuestro propósito aquí es poner sobre el papel estas monografías y algunas de sus claves explicativas, en aras a facilitar al lector una guía que le permita profundizar en el conocimiento de la historia serrana.
Partimos de la dificultad del análisis de la Sierra Norte; complejidad que asoma en su delimitación geográfica –42 pueblos adscritos a siete grandes áreas cambiantes en el tiempo, como son la tierra de Sepúlveda, el sexmo de Lozoya, Uceda y su tierra, el señorío y la tierra de Buitrago, la tierra de Talamanca, el Real de Manzanares y el condado de Puñonrostro-, y hasta en su nombre (por solo citar alguno, la hoy Sierra Norte fue hasta ayer Sierra Pobre, y mucho antes la Trasierra segoviana). En esta última línea, no es poco comprender que los términos con los que designamos estas áreas dependen en muchas ocasiones de criterios políticos -cuando no propagandísticos- que muchas veces escapan al común de los mortales.
Zafarse de estas limitaciones no es fácil, pero lo han conseguido dos de los libros que han estudiado la sierra en las Edades Media y Moderna con una pretensión general. Nos referimos, en primer lugar, al estudio de Ángel Carrasco Tezanos, “La sociedad campesina en la sierra de Guadarrama a finales de la Edad Media” (Madrid, Asociación Cultural Al-mudayna, 1999) Paradójicamente, este autor ha escrito el mejor libro y al tiempo el más complejo, pues no en vano ha tenido que lidiar con una documentación como la medieval, de por sí dispersa y de difícil localización y transcripción.
Con rigor y mucho oficio, Ángel Carrasco ha abordado el estudio de todo el ámbito serrano de influencia segoviana –la llamada Transierra (es decir, mucho más que la Sierra Norte)- entre fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna. Su análisis cubre los aspectos más importantes de la vida serrana de ese período: la demografía, la base económica, los concejos de aldea, el peso de los bienes colectivos en la sociedad y economía local, o la formación de los distintos grupos sociales serranos. No hay nada igual desde una perspectiva de conjunto para toda la sierra. En la misma línea general y de valoración de los bienes comunales y colectivos está la investigación de Esther Sáez Pombo, a la que hay que agradecer que haya incorporado en su estudio geográfico “Montes públicos, territorio y evolución del paisaje en la Sierra Norte de Madrid” (Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2000), una larga introducción explicativa de índole histórica tendente a comprender la formación del paisaje que contemplamos hoy en nuestro territorio. Esa introducción analiza el mosaico jurisdiccional serrano y su evolución desde la Edad Media hasta el siglo XIX.
Mapas, planos, gráficos y fotografías nos introducen de lleno en la historia del paisaje de nuestros montes.
Estos estudios pueden complementarse con aquellos que analizan aspectos concretos de nuestra historia. Desde hace años María Asenjo González nos recuerda en sus libros y artículos el papel trascendental de la ciudad de Segovia en la repoblación de la vertiente sur de la sierra de Guadarrama.
El libro del Grupo´73, “La economía del Antiguo Régimen. El señorío de Buitrago”, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1973, basado en la documentación del Catastro de la Ensenada de mediados del siglo XVIII, se ciñó al estudio del señorío de Buitrago, pero sirvió para forjar un modelo susceptible de ser aplicado a otras zonas serranas. Los trabajos de Javier Hernando Ortego sobre el Real de Manzanares en la Edad Moderna –su tesis inédita y más de una decena de artículos- se han preocupado por conocer la importancia de los bienes colectivos (comunales, propios de los concejos) para las economías campesinas de la sierra así como la incidencia del cazadero real del monte del Pardo en esas mismas economías y la respuesta campesina en forma de resistencias, violencia, furtivismo.... Desde la antropología (los estudios de Matilde Fernández Montes) y la arqueología (Equipo A de Arqueología) se ofrecen análisis que van más allá de lo local y de temáticas específicas (lo tradicional o el agua), pues dan entrada al estudio de las desamortizaciones, la incidencia del canal de Isabel II o los oficios artesanos. De esta última temática se hacen eco la mayoría de las investigaciones. Pero lo realmente importante es que ya procedan de la geografía, la arqueología, la antropología o la etnografía, estos trabajos tienen un referente ineludible en la evolución histórica de la sociedad serrana.
Todas estas investigaciones son solo la punta de lanza de la historiografía sobre la sierra. Aunque deslavazada a veces, e incluso desligada de las problemáticas generales de la historia, existe toda una legión de estudios locales, entre los que caben destacar, de nuevo sin ánimo de exhaustividad, los pioneros de Matías Fernández García (sobre Montejo de la Sierra, Buitrago y su tierra), Jesús Carlos González Sanz (Pedrezuela), Lourdes y José Ángel Sanz (Canencia), y Oscar López Canencia (Alameda del Valle), José Martín López y Francisco Martín Baonza (Bustarviejo), Carmen García Márquez (Guadalix), José Pérez Muñoz (Torrelaguna) o Alejandro
Martín Ortega (San Agustín de Guadalix).
Desde aquí debemos agradecer el enorme esfuerzo realizado por todos los autores y autoras –incluso los no citados- para rescatar la historia de la sierra en la que vivimos. Solo resta añadir que falta una historia de conjunto de toda la Sierra durante las Edades Moderna y Contemporánea –del tipo de la ya mencionada de Ángel
Carrasco para la Edad Media-. En la Universidad Popular asumimos el reto. Ojalá que pronto podamos poner en vuestras manos, una Historia de la Sierra Norte a la altura de sus habitantes.
Aula de Historia Social de la Uniposible
Publicado en Senda Norte, Noviembre de 2014
INTRODUCCIÓN
Del Poder de las palabras (De la Trasierra a la Sierra Norte, pasando por la Sierra Pobre) En Alicia a través del espejo, Lewis Carrol puso en boca de un huevo muy redicho una frase demoledora: “la cuestión es saber quién manda aquí”. La cosa venía a cuento de la extrañeza de la inquieta Alicia por el cambiante significado de
las palabras. Humpty Dumpty, que así se llamaba el huevo, afirmó “cuando yo utilizo una palabra, significa lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos”. El huevo sabía de lo que hablaba: las palabras significan aquello que el poder quiere y puede cambiarlas a su conveniencia. Viene esto a colación de los diferentes nombres de nuestra sierra a lo largo de la Historia. En la Edad Media, cuando este espacio era un área de colonización de Segovia, los de la ciudad del Acueducto la denominaron la Trasierra, es decir, su área de influencia más allá de la Sierra de Guadarrama. La definición tenía una lógica de expansión del territorio, pero era bastante inocente o inocua si la comparamos con la adoptada durante buena parte del siglo XX, cuando a nuestra parte de la Sierra comenzó a llamársele la Sierra Pobre.
El concepto de Sierra Pobre tenía su miga, pues durante todo el siglo la zona oriental serrana había pasado a ser un área deprimida, sin apenas atención de la administración. Era una definición que intentaba reflejar sus diferencias con el área occidental de la sierra. Esta otra zona había atraído mucho más a unos urbanitas deseosos desde fines del siglo XIX de encontrar en la naturaleza un lugar de esparcimiento y ocio. El contraste reposaba en unos servicios mejores (sobre todo, en el transporte y el alojamiento), más inversión, más renta per capita. Qué le vamos a hacer, a esa zona se dirigió el dinero de los madrileños deseosos de escapar los fines de semana de lo que ya era una ciudad asfixiante. Pocos llegaron a esta parte oriental de la Sierra; si cabe hasta Manzanares y Miraflores. Dicho esto, nuestra área de la Sierra se llamó pobre hasta que, en una operación de imagen, a alguien de la administración se le ocurrió llamarla Norte. Así son las cosas del poder, que llegan hasta a cambiar el significado de las palabras.
Qué razón tenía Humpty Dumpty. La cuestión es quién manda aquí.
Llámese Trasierra, Sierra Pobre o Sierra Norte, lo que vamos a intentar explicar aquí es la Historia de un área muy rica en aspectos sociales y económicos. Lo que tiene el lector en sus manos es el resultado de cuatro actividades organizadas por la Universidad Popular de la Sierra Norte, un proyecto colectivo surgido del movimiento 15 de mayo (conocido como 15M). La organización de esas actividades corrió a cargo del aula de Historia Social, un espacio donde personas que habían investigado sobre nuestra Sierra nos explicaron su visión sobre lo ocurrido aquí entre finales de la Edad Media y finales de la Edad Moderna. Una primera presentación corrió a cargo de Ángel Carrasco Tezanos, autor de un libro imprescindible sobre la Sierra titulado, La sociedad campesina en la sierra de Guadarrama a finales de la Edad Media, Madrid, Asociación Cultural Almudayna, 1999; otras dos corrieron a cargo de José Nieto, coordinador del aula; y la última fue realizada por Santos Madrazo, buen conocedor del mundo del bandolerismo. La primera charla, la segunda y la cuarta están colgadas en la web de la UNIPOSIBLE. El libro incluye también los artículos publicados en Senda Norte para difundir las actividades.
La redacción final de este estudio se basa en las charlas que tuvieron lugar en el Centro Comarcal de Humanidades de La Cabrera, pero es fruto de la reelaboración de otros materiales –libros, artículos…- por parte del coordinador del aula.
GUADALIX DE LA SIERRA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA, LA GUERRA CIVIL Y EL PRIMER FRANQUISMO
ROBERTO FERNÁNDEZ SUÁREZ
Introducción
Guadalix de la Sierra era, en el primer tercio del siglo XX, una población eminentemente rural. La tenencia de la tierra había cambiado poco desde épocas anteriores. Una gran mayoría de vecinos era propietaria de pequeñas propiedades que no superaban 1 hectárea por familia, escasa cantidad de tierra para poder mantener una familia entera. Para ello, era necesario trabajar en otras tareas como la de mantener una pequeña huerta en la ribera del río Guadalix, los llamados quiñones, que permitían a las familias humildes de la localidad tener una ayuda de cierta importancia en frutas, legumbres, hortalizas y demás grano como el trigo, centeno, cebada y almorta . Otra posibilidad era la de trabajar para otros vecinos más pudientes como jornalero pero también como mediero, aportando su fuerza de trabajo y la de su propia yunta de mulas o bueyes. El mantenimiento de esta fuerza animal era un gasto considerable para las familias humildes por lo que el recurso comunal de las tierras pertenecientes al ayuntamiento era un alivio económico importante. Dichas dehesas municipales servían para pasto gratuito como alimento para las bestias, propiedad de los vecinos de la localidad.
LA INSTITUCIÓN MUNICIPAL EN LA HISTORIA DE MIRAFLORES DE LA SIERRA.
TERRITORIO y CULTURA.
Roberto Fernández Suárez
PRESENTACION
Es para mí una gran satisfacción presentar este pequeño tra-bajo que recoge ciertos aspectos de la vida de Miraflores de la Sie-rra, tan desconocidos como curiosos, que han ido configurando el perfil del municipio junto con conflictos y convivencias en la vida de nuestros antepasados, que ha hecho posible nuestra realidad presente.
La culminación de esta obra no hubiera sido posible sin el desinteresado trabajo de Roberto Fernández Suárez y el equipo de personas que han colaborado con él, por lo que a través de estas líneas quiero expresarles mi sincero agradecimiento.
Espero seguir, en el futuro, ampliando nuestra historia más cercana, con nuevas publicaciones.
EL ALCALDE